En el
siglo XVII, conocido como el Siglo de Oro, Holanda era uno de los países más
ricos del mundo. La burguesía acomodada hacía ostentación de su riqueza de una
manera calvinista, es decir, con recato. Los pintores solían recibir encargos
de retratos de nobles pero también pintaban escenas de fiestas, en todo su
esplendor.
Diversos
pintores de Haarlem se hicieron famosos con sus escenas de festejos. Dirck Hals
es el autor de su Fiesta en el Parque, con un grupo de personas distinguidas y
elegantes – los libros desplegados sobre la mesa – y ricamente ataviadas.
Su
famoso hermano mayor, Frans, representó a los principales oficiales de las
milicias, con los cuellos de encaje blancos y tiesos. Sin embargo, los
caballeros ya no se representaban sentados dignamente a la mesa, como era
costumbre con los cuadros de milicianos. Aquí, Frans Hals se revela como un
renovador que imprime nueva vida en sus telas.
La
rica compañía en la fiesta de bodas de Antonie Palamedesz aparece más rígida y
no muy festiva. Muy distintos son los cuadros de alegres personas de la clase
baja. Una boda campesina, la feria, el martes de Carnaval, esas sí que eran
fiestas. Los campesinos holandeses no eran, en absoluto, calvinistas
practicantes.
Para
un pintor – y también para nosotros como espectadores – las fiestas populares
son más atractivas. Jan Steen los retrató muy de cerca, como esos Retóricos
asomados a la ventana. La mayoría muestra más interés en el vino que en la
poesía. En los cuadros de Steen vemos que, finalmente, todos sueltan las
riendas cuando el vino comienza a correr.